martes, 28 de agosto de 2012

El gasto público y la estabilidad financiera

El gasto público desempeña un papel determinante en la estabilidad y el crecimiento económico de un país. La globalización económica y sobre todo financiera acontecida desde finales del siglo pasado, ha ido creando nuevas dinámicas que han complicado la consecución de objetivos económicos y los efectos de las políticas de gasto público en la economía interna. El equilibrio a largo plazo de las finanzas públicas está influenciado por los ingresos obtenidos vía impuestos principalmente, y sobre todo por los gastos que el sector público realiza, el cuál viene a representar un porcentaje elevado de su Producto Interior Bruto, y en concreto, hay países donde la importancia relativa del gasto más la inversión es incluso mayor que lo que representa el sector privado.

Desde un punto de vista económico, el gasto público puede dividirse en: gasto corriente o consumo público, gasto en capital y transferencias. El primer tipo de gasto engloba la compra de bienes y servicios por parte de las administraciones públicas, y sobre todo el gasto en salarios a los funcionarios y personal laboral al servicio de éstas. En el capítulo de capital, se incluye las inversiones y los gastos en infraestructura con el fín de incrementar el capital físico de la economía, además de su mantenimiento, con el fin de mejorar la capacidad productiva del país. Por último, están las transferencias que se componen básicamente de las pensiones públicas, los subsidios de desempleo, las prestaciones sanitarias, etc. Lo que caracteriza a las transferencias es que el estado no recibe ninguna contraprestación por parte de las personas, empresas o entes que recibe dichos fondos.

El gasto junto con los ingresos que obtiene un estado conforman el presupuesto, que representa la cuenta de resultados anual de la economía, y esto implica que si los ingresos son mayores que los gastos se produce superhávit presupuestario, y al contrario se produce un déficit. Cuando los ingresos son sistemáticamente menores que los gastos se produce un déficit crónico que termina acumulándose en la deuda pública que emite el estado para financiar dicho desequilibrio. Tanto los ingresos fiscales como el gasto público son dos herramientas de política económicas que junto con las reformas estructurales y las medidas coyunturales forman el cuerpo de estratégias que los gestores públicos pueden utilizar para conseguir objetivos económicos y sociales.

El gasto de las administraciones públicas tiene que cubrir una serie de servicios y actuaciones. En concreto, debe financiar unos servicios públicos básicos como puede ser la justicia, la seguridad ciudadana y la defensa. También debe pagar aquellas partidas de gasto social destinadas a pensiones, desempleo, servicios sociales, sanidad, educación y otras prestaciones de la Seguridad Social. Existen acciones específicas en materias como infraestructuras, investigación y desarrollo, industria, energía, agricultura y pesca, comercio y turismo. Y finalmente, debe sufragar los gastos de estructura de la organización administrativa del estado y los intereses de la deuda pública. Como se puede observar, son muchas las partidas a financiar en el desarrollo de su política económica, pero realmente el grueso de gasto público se concentra en pocas partidas como pueden ser sanidad, educación, pensiones, desempleo e intereses de la deuda pública, las cuáles vienen a representar los pilares básicos del modelo de estado de bienestar en Europa.

Durante los últimos años no se ha evaluado correctamente los beneficios que determinado gasto puede generar en la economía, teniendo en cuenta que los costes impositivos deberán ir en consonancia con los gastos. Hay que tener presente también que es difícil determinar qué volumen de gasto público es esencial en una economía, y cuál de ellos representan los pilares de un funcionamiento correcto del estado. Lo que sí se observa es que la partida que más ha aumentado durante las últimas décadas ha sido las dirigidas a gasto social, y un perfil óptimo de eficiencia es conseguir los objetivos marcados con el mínimo coste posible. De otra manera, además de ser un gasto no productivo, ni siquiera consigue una correcta redistribución de la renta, y por tanto termina siendo deuda que hipoteca el futuro.

sábado, 5 de febrero de 2011

Posición de inversión internacional de España

La posición de Inversión Internacional (PII) representa el balance de los saldos que un determinado país mantiene en activos y pasivos frente a terceros no residentes en un momento concreto.  Por tanto, este indicador muestra el stock de activos y pasivo financieros incluidos en la cuenta financiera de la balanza de pagos. Las categorías que componen dicho balance son, por un lado, las Inversiones Directas que recogen las partidas destinadas a la adquisición de participaciones permanentes en empresas y filiales en un determinado país. Por otro, encontramos las Inversiones en Cartera que registra el stock de transacciones destinadas a la compra de títulos de participación en capital -acciones, preferentes, participaciones, etc.- o instrumentos de deuda del mercado monetario -bonos, pagarés, letras, etc.-, además de derivados financieros. Y por último, la partida de Otras Inversiones recoge el resto de activos no incluidos en los anteriores epígrafes como créditos comerciales, préstamos, depósitos transferibles, y moneda en circulación en manos de tercero.  Para completar el indicador, se añade el stock de derechos y obligaciones que están bajo el control de las autoridades monetarias, como son las reservas de oro y divisas, los Derechos Especiales de Giro del FMI, y otros activos o derechos mantenidos frente al Eurosistema -que comprenden los depósitos y préstamos recibidos del mercado monetario bajo tutela del Banco Central Europeo-.


miércoles, 25 de agosto de 2010

Situación de la competitividad exterior española

El final del ciclo económico español ha puesto en evidencia los importantes desequilibrios que afectan a nuestra economía:
  • Una balanza de pagos deficitaria que incluso ha llegado a estar por encima del 10% del PIB, lo que supone ser una de las economías con mayor déficit exterior en términos de PIB del mundo junto con EEUU.
  • Un desequilibrio financiero importante gracias a unos tipos de interés bajos, que junto a un periodo de de máxima liquidez en los mercados, ha posibilitado la financiación exterior sin problemas del enorme déficit del ahorro nacional.
  • Un peso excesivo del sector inmobiliario en la economía que ha generado una burbuja de precios y un bloqueo de recursos financieros en un sector con problemas importantes de ajuste a medio plazo. 

La competitividad de la economía es esencial debido a que la actividad exportadora depende de ella. La capacidad de vender nuestros productos y servicios en el exterior está sometido a varios elementos que finalmente se concretan en dos indicadores fundamentales que recogen la actividad exterior: las cuotas relativas de exportaciones/importaciones, y la emisión/recepción de Inversión Extranjera Directa (IED).

En una situación como la actual de crisis económica, las exportaciones suponen una gran ayuda para el crecimiento del PIB, y la evolución de los precios relativos frente al resto del mundo puede ser un indicador adelantado de la futura evolución de nuestra balanza comercial. El mayor aumento proporcional de los costes laborales respecto al resto de países, unido a un bajo crecimiento de la productividad de la economía está  generando una pérdida de competitividad de nuestro país que compite en productos con una gran sensibilidad a precios, y sobre todo que lo hace con países emergentes con costes relativos menores. 

CUENTA CORRIENTE Y CUENTA DE CAPITAL DE LA ECONOMÍA ESPAÑOLA
2003
2004
2005
2006
2007
2008
C.Corriente
-27.909,9
-44.163,7
-66.859,7
-88.312,8
-105.378,2
-104.454,2
B.Comercial
-39.838,8
-53.660,2
-68.603,2
-83.245,9
-91.245,8
-87.654,1
Servicios
23.300,9
21.753,0
22.239,7
22.235,2
23.076,0
26.503,8
Turismo
27.037,2
26.604,2
26.433,1
27.449,3
27.700,9
28.066,6
Otros servicios
-3.736,4
-4.851,2
-4.193,3
-5.214,1
-4.624,9
-1.562,8
Rentas
-11.603,6
-12.139,5
-17.103,3
-20.799,2
-30.141,5
-34.054,5
Trabajo
54,1
-148,2
-177,7
-281,7
-277,0
-61,7
Inversión
-11.657,7
-11.991,3
-16.925,5
-20.517,5
-29.864,6
-33.992,7
Transfencias
231,7
-117,1
-3.392,9
-6.503,0
-7.066,8
-9.249,4
C.CAPITAL
8.165,3
8.427,9
8.180,4
6.194,4
4.577,8
5.555,6
B. PAGOS
-19.744,5
-35.735,8
-58.679,3
-82.118,5
-100.800,4
-98.898,6
FUENTE: Instituto Nacional de Estadística

Antes de la integración de nuestro país en la Unión Monetaria, la pérdida de competitividad podía ser corregida mediante una devaluación de la moneda, pero una vez dentro del euro esta posibilidad no existe. Por tanto, la única herramienta con la que la gestión económica puede intentar mantener nuestra capacidad exportadora es aumentando la productividad de los factores productivo, y controlar los costes laborales entre otras medidas.

Otro indicador de la salud exportadora de nuestra economía es la atracción de inversión extranjera directa (IED), que es aquella que se destina a la creación, adquisición y mantenimiento de empresas, y por tanto a la ampliación del tejido productivo y comercial. Como podemos observar en el gráfico anterior, el flujo neto de inversiones hacia nuestra economía no se ha deteriorado en la última década, incluso teniendo presente el importante esfuerzo inversor de nuestra economía en el exterior.